11 de marzo de 2011

MÍTICO

Como todas las primeras veces. Mítica. Ella hace su vida, 15 años después, el salame actual que fue el galán de la secundaria, le escribe. Ella, independiente, autosuficiente, la tiene clara, pasó mucha agua bajo el puente, o al menos la suficiente para aprender algo de la vida, y de repente. De repente un mensaje en el facebook, de aquel que fue el primero, o el segundo pero el primero que le voló la cabeza un día, cuando la cabeza era del tamaño de un alfiler, claro, y su corazón salta. Como una locomotora.

¿Por qué? Si el tipo es un idiota, si ella no le daría ni su teléfono ni el teléfono del bar de la esquina. Si con sólo 5 minutos de convesación se ve claro que este ex-galán es un salame de milán. Pero el corazón salta. ¿Qué pasa? ¿Funciona sólo? Yo me miro y digo, ¿Pero nena qué tomaste? Pero no hace caso. ¿Es químico? No. Es mítico.

El poder de la primera cosa hecha en la historia, aparentemente tiene un peso incalculable, y nuestro cerebro no lo procesa. Está ahí, listo para que cometamos el error de hacerle caso al impulso primitivo que significa el recuerdo de lo que fue, en ese momento, LO MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO, y ahora sólo sería un mal rato, o un buen rato, pero a los 15 no? Y ahora con 36... no tiene sentido.

No somos los mismos, por suerte. Jamás lo seremos. Pero el impulso de recuperar ese momento, de capturar ese momento único, mítico, que quedó congelado en un instante, cuando éramos jóvenes, lindos y claro ya olvidamos el sufrimiento de aquellos días, entonces parece que recuperando a ese ser que nos hacía reír, recuperaremos algo de nosotros mismos entonces. NO. Nuestros adolescentes han muerto. Ya no son. Somos otros.

Vivamos en paz, sigamos adelante. Por cierto, siempre te recordaré. Pero el recuerdo es mejor si no nos volvemos a ver, no?

2 comentarios:

lulabaci dijo...

Exelente.

sole dijo...

muchas gracias, dígame licenciado.