14 de enero de 2012

Artista... dale... ¿De qué labura?

Mi querida profesora de canto, años de carrera, familia de músicos, padre, ex marido, hijos, no faltó uno, todos talentosos increíbles y me contaba que un día, una persona, refiriéndose a ellos, dijo: "Ninguno trabaja, son todos artistas".

Cuán simbólico y terrible pensar que el que trabaja disfrutando, en realidad no trabaja. Como si hubiera que pagar un precio para el disfrute. ¿Para qué deberíamos pagar este precio, me pregunto yo, a las 4 de la mañana? Claro, un tema que me toca de cerca, porque no tengo trabajo fijo en este momento, y como la culpa me vino en el ADN, y nací en el 75, bueno, ya comprenderán. 

"No se puede vivir haciendo lo que a uno se le da la gana". ¿Che, y por qué no se puede? Si la vida es una sola, digo yo, por qué no se puede disfrutarla como mejor le parezca a uno, si en realidad, digamos, te debo algo? Sólo porque la mayoría de la gente tiene un trabajo que odia, no significa que eso sea lo que uno aspira en la vida, y por sobre todo, que sea el único camino. No todos necesitan acumular objetos, dinero y títulos para sentirse reconocidos. A algunos les alcanza con ser creadores de un mundo maravilloso, o cantar con un pianista en un barcito una canción para sentirse en la Gloria.

¿Por qué la sociedad se empeña en que todo el mundo haga lo mismo? Si así no funciona, porque si todos fuéramos universitarios, nadie fabricaría cuadernos, y si todos fuéramos soldadores o carpinteros, nadie se recibiría ni habría profesionales, y si todos cantáramos... hmm no me lo preguntes dos veces pero creo que si TODOS cantáramos la cosa sería diferente. Pero siempre hay un aguafiestas y no creo que el proyecto prosperara. El arte hace que la vida tenga sabor. No se cuenta, no se toca, pero se siente, y llena el espíritu. Y ESO ES UN TRABAJO IMPORTANTE. 
El artista para desarrollarse como tal necesita horas y horas diarias practicando, experimentando, ensayo y error, para luego mostrar al mundo su creación. No me digan que eso no es esfuerzo. 
Pero la tía Martita se empeña en ningunearlo como tarea, claro que luego lee a Rosa Montero, y cuando va al teatro en Mar del Plata sale tan feliz, igual que cuando escucha la radio o pone un disco. Y entonces señora, dígame...supongamos que desde mañana se prohíbe la música, la danza, el teatro, el cine, las bellas artes, los libros. Con una mano en el corazón, dígame Tía Marta: valdría la pena vivir?

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